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Vivir en un zoológico o morir en "un santuario"Desde hace unos años, comenzaron a cerrarse los Jardines Zoológicos en Argentina. Ello fue debido a varias quejas y manifestaciones de las Asociaciones protectoras de animales, que sostenían que los animales no debían vivir en cautiverio y hasta se atrevieron a pedir un habeas corpus para la orangutana Sandra, que habitaba el Zoo porteño, declarándola "persona no humana". Lo cierto es que en 2014, la causa por Sandra, sentó un precedente legal que reconoce a animales sintientes y autónomos (grandes simios, delfines, elefantes, etc.) como sujetos de derechos, no objetos, inspirando casos similares para otorgarles libertad y mejores condiciones. Sandra fue trasladada el 26 de septiembre de 2019, al santuario Center of Great Apes (Centro para Grandes Simios) en Florida, Estados Unidos. El Zoo porteño cerró sus puertas definitivamente en agosto de 2017, el zoo de Mendoza cerró el 21 de mayo de 2016, el de Córdoba cerró el 18 de septiembre de 2020, el de La Plata en junio de 2018, el de Luján cerró el 27 de agosto de 2020 y así continúan cerrando otros. Por los cierres debieron ir trasladando a los animales a diferentes lugares y sin embargo, no ha sido posible hacerlo con todos, por diferentes razones, pero los que sí fueron trasladados no corrieron con muy buena suerte... Lara, una de las jirafas del zoo porteño, murió en octubre de 2014, durante un traslado al zoológico Bubalcó en Río Negro, sufriendo una lesión por pánico nocturno en su primer alojamiento. La elefanta Pupi falleció en un santuario de Brasil tras ser trasladada, generando controversia por las condiciones y la gestión de los traslados, con denuncias de improvisación y falta de experiencia de los cuidadores. Ahora, acaba de morir Kenya, una hermosa elefanta africana, de 44 años, que habitaba el zoo de Mendoza y fue trasladada a un Santuario de Brasil. La lógica con la que funciona el santuario supone un cambio de paradigma en nuestra relación con los animales y una crítica rotunda al encierro para exhibición que caracterizó a los zoológicos durante toda su historia. Para los amantes de los animales, la pérdida de Kenya se suma a la reciente muerte de Kshamenk, la orca de Mundo Marino, otro de los grandes animales en exhibición de la Argentina. Sin embargo, la otra cara de la moneda indica que habiendo sido animales nacidos en cautiverio, cuidados y atendidos por especialistas, de qué sirvió enviarlos a santuarios, donde se suponía que estarían felices en un hábitat más natural, pero que desconocían y al que no pudieron adaptarse. ¿Era mejor vivir en el Zoológico, con todos los cuidados necesarios o morir en un "santuario"? El movimiento abolicionista de zoológicos en el país ¿ha considerado que gracias a los zoológicos, siguen existiendo especies animales que estaban en peligro de extinción, como el yaguareté? Si países del primer mundo, como Alemania, Estados Unidos y otros tantos tienen sus zoológicos ¿quiénes son los retrógrados, ellos o nosotros? Así como hemos visto documentales en los que adiestran a elefantes y los golpean o los pinchan con ganchos de metal, para que respondan a sus órdenes, también pudimos ver que los zoológicos han sido refugio y lugar de conservación de especies con peligro de extinción y educativos, donde se podía conocer las características de cada especie y los cuidados necesarios para la supervivencia. Volviendo a los animales que murieron luego de ser trasladados "para una vida mejor", además de Pupy y Kenya, en el santuario, ya murieron otros cuatro elefantes, algunos de ellos al poco tiempo de haber llegado. La secuencia de muertes dispara la pregunta de si las propias condiciones de su traslado o del propio santuario, podrían haber contribuido a la muerte de los animales. Están quienes dicen que no hay pruebas de que el santuario o los traslados, aceleren la muerte, pero sería difícil que lo acepten ¿no?
Desde hace décadas, China ha consolidado un polémico programa diplomático en torno a uno de sus tesoros más emblemáticos: los osos panda. Estos animales, nativos de las laderas montañosas cubiertas de bambú en el centro-sur de China, son considerados un símbolo nacional. El régimen chino ejerce un control estricto sobre la población de osos panda. Todos los ejemplares que residen en zoológicos fuera de sus fronteras son cedidos bajo acuerdos de alquiler, generalmente por un período de 10 años y con un costo anual aproximado de un millón de dólares por oso panda, según reveló The New York Times. Este control incluye a las crías nacidas fuera del país, que también son consideradas propiedad del gobierno chino y deben ser devueltas eventualmente. El objetivo oficial de estos acuerdos es fomentar programas de conservación y reproducción en colaboración con científicos internacionales.
Quien escribe esta triste noticia sobre la muerte de Kenya, ha podido conocerla y ver que en el Zoo de Mendoza vivía feliz, atendida por su cuidador, el señor Oviedo que me dio la oportunidad de conocerla. También he visto cómo viven los pandas en el Zoo de Washington y cómo se trataba a las Orcas, en Mundo Marino, con amor y dedicación. Eran animales que no hubiesen sobrevivido en su hábitat natural, porque ya estaban habituados al cuidado y amor que disfrutaron en esos espacios. Los animales podrán ser declarados "personas no humanas", pero no pueden responder qué es lo que prefieren y es fundamental que "las personas humanas" con capacidad de raciocinio, pensemos qué es realmente lo mejor para ellos. Susana Espósito - 6368 caracteres – Miércoles 21/01/26 |